Coriolano

Muchas veces antes de acercarme a un célebre autor disfrutando del fruto de su obra maestra o al menos la más vendida, o la más célebre, siempre he tenido la costumbre de tomar como aperitivo alguna otra de sus obras menos conocidas. Es lo que hice la primera vez que me acerqué a Shakespeare, y…

Muchas veces antes de acercarme a un célebre autor disfrutando del fruto de su obra maestra o al menos la más vendida, o la más célebre, siempre he tenido la costumbre de tomar como aperitivo alguna otra de sus obras menos conocidas. Es lo que hice la primera vez que me acerqué a Shakespeare, y fue así como cayó en mis manos una de sus obras, aunque no es de las más conocidas si fue de los últimas tragedias que escribió. Se trata de Coriolano, obra polémica donde las haya, no por la obra en sí, sino por los efectos que su representación y mensaje intrínseco que ha tenido en muchas etapas históricas desde su publicación.

Para muchos literatos no ha pasado desapercibida, por ejemplo, para el poeta y dramaturgo británico Thomas Stearrn Eliot, Coriolano es la mejor obra de Shakespeare, opinión que también comparte el dramaturgo irlandés George Bernand Shaw. Bertol Brecht, uno de los autores teatrales más relevantes del siglo XX, recreó al personaje en una adaptación de la obra, introduciendo algunos elementos en la estructura principal, que también tuvo su reconocimiento en su tiempo.

La obra gira en torno a la vida del personaje principal, el general romano Cayo Marcio, quien durante el transcurso de la obra, adopta además el nombre de Coriolano, en honor a la conquista de la ciudad de Corioli para Roma. Coriolano es un joven general romano, un héroe invencible. Además como personajes principales aparecen en la obra, el de su madre y su mujer, Volumnia y Virgilia. Principalmente destaca la primera, pues es ella quien forja la personalidad y gloria de Coriolano, y a su vez, al final de la obra, también será la responsable de su derrota y muerte, -paradojas de la vida-. Destaca también el papel de los personajes que hacen de tribunos, patricios y generales militares, así como las intervenciones de los plebeyos.

Posiblemente Shakespeare conoció la historia de Coriolano en su etapa escolar, dado que durante el Renacimiento accedían al estudio de Roma, desde obras como Vidas Paralelas de Plutarco, y con sus diferencias, el autor inglés hizo suyo al personaje y a la historia con un magnífico resultado.

Estamos ante una obra eminentemente política, quizás la más política de Shakespeare, y en todo el siglo XX ha sido objeto de interpretación tanto desde el lado fascista, como del lado comunista. Ha contribuido indirectamente -o al menos su representación coincidió en ese momento- incluso a derrocar a un gobierno, como fue el de Réne-Louis Daladier en Francia en febrero de 1934, cuando la obra traducida por René-Louis Piachaud, –a su manera-, fue utilizada por grupos fascistas para contribuir al ambiente de descontentos que existía en esa época en Francia contra el gobierno de Daladier, en parte por el escándalo Stavisky, que al parecer perjudicaba tanto a la derecha como a la izquierda política, contribuyendo a socavar los pilares de la tercera república francesa.

La obra, comienza con una “descripción” de Cayo Marcio Coriolanus, cuando uno de los ciudadanos que forma parte de los plebeyos, lo describe como el mayor enemigo del pueblo. Es obvio que desde el principio de la obra, el autor presenta al personaje principal de manera negativa, previendo lo que viene después, un personaje irascible, intransigente, y sobre todo soberbio, adelantándonos de alguna manera, al igual que hizo Plutarco en su obra, la no aptitud para el cargo de gobernante de alguien que poseyera esas cualidades.

La historia ocurre en el siglo V a.C., existe en Roma una situación de descontento o enfrentamiento entre patricios y plebeyos por la falta de alimentos, y a su vez una situación de amenaza de guerra comandada por un enemigo externos, el pueblo Volsco, dirigida por Aufidio, el mayor enemigo de C. Marcio. Es decir una situación de descontento generalizada, que en pleno siglo XX, todos sabemos a qué movimientos políticos dieron lugar, siendo además el germen un notorio populismo, que en unos sitios dieron lugar a dictaduras comunistas y en otras a dictaduras fascistas.

Pero no hay que interpretar mucho, solo leer, para ver que C. Marcio, en un primer momento, no es populista, en absoluto, él desprecia a los plebeyos, a la ciudadanía en general, tildándolos de cobardes, ignorantes, ingratos, y todos los calificativos similares posibles, pero además, es que se lo dice y no se esconde para ello, no pretenderse ganarse a nadie como hace el populismo, al contrario los maldice, a todos.

Cayo Marcio Coriolano, emprende la guerra contra los volscos y la gana, y conquista la ciudad de Corioli, adoptando el nombre de C.Marcio Coriolano. Una vez llega a Roma, quiere hacer valer su victoria y pretende ser nombrado cónsul. Coriolano sigue con su personalidad y actitud, y no lo esconde, y  desprecia los halagos de los romanos, pero no tiene en cuenta que para ser nombrado cónsul, las leyes romanas exigen que deberá mostrar sus heridas a los ciudadanos, explicar sus hazañas bélicas y constar con el voto favorable de esa parte de la ciudadanía, y es ahí donde de nuevo entra en juego el papel de su madre Volumnia, y le hace ver que su actitud y forma de ser le impedirá lograr ser cónsul, si no acepta las exigencias. Coriolano no está dispuesto a mendigar votos “no adiestré mi lengua a tal empeño”. Desde Maquiavelo, que ya escribió sobre esto, muchos otros autores, ven en esa situación el equilibrio y contrapartida de poderes, donde unos se someten y controlan a otros, evitando algún tipo de absolutismo.

Coriolano, viendo la campaña orquestada en su contra por los tribunos (representantes del pueblo), que no lo creen, después de los antecedentes que tiene, acepta el consejo de su madre, y a regañadientes pide el voto sutilmente, aunque ni enseña las heridas ni más exigencias. Consigue los votos y logra ser nombrado cónsul. Unos tribunos y otros senadores se ensalzan sobre la idoneidad de Coriolano para ese cargo,  su madre, le aconseja fingir lo que sea necesario para conseguir el objetivo, Coriolano no aguanta la situación y lo que él considera ofensas, se harta de la situación, insulta a todos y huye de Roma y tras el despecho se une a su mayor enemigo, el jefe de los volscos, Aufidio para orquestar una campaña para invadir Roma. Estando ya a las puertas de la ciudad para conquistarla, los romanos utilizan a su madre Volumnia, quien acompañada con su esposa y su hijo reciben a Coriolano y el ejército volsco a las afueras de Roma. Su madre, con su discurso, doblega las intenciones del guerrero, y Roma se salva. Pero no él, ya que al intentar la paz con los volscos, éstos lo asesinan.

Muchos autores, críticos literarios y políticos han visto en esta obra, distintas connotaciones de diferente naturaleza. Es obvio que es la obra más política de Shakespeare, ha tenido interpretaciones de distinta índole política durante todo el siglo XX,  incluso por sectores con cierta aversión al nazismo, destacando el carácter heroico, viril y épico de Coriolano. Muchos autores ven con cierta repugnancia desde el prisma de los valores y principios de un sistema democrático actual, la forma de ser, la actitud y las estrategias de Coriolano ante los ciudadanos, los tribunos y el senado.

Ante esta crítica, a día de hoy me vienen a la mente varias cuestiones, como por ejemplo, en primer lugar, la cuestión relativa a ver si en cualquiera de las democracias asentadas en cualquier país de nuestro alrededor, por no señalar directamente a España, hay alguna duda de que muchos dirigentes políticos que representan a los partidos democráticos y a los ciudadanos en las instituciones, no tienen realmente la misma opinión que Coriolano sobre los ciudadanos que les votan, y mucho más sobre los que no les votan, fundamentalmente cuando vemos formas de actuar una vez que han tomado el poder y visto y oído lo que prometieron previamente. Otras cuestión es la de ver si las argucias y artimañas –mentir, disuadir, fingir…-, que Volumnia le  incitaba a hacer a su hijo para obtener los votos no son los mismos estamos hartos de ver, elecciones tras elecciones, en cualquier democracia occidental, ni que decir tiene, en nuestro país. Por lo tanto, esa crítica de que cualquier demócrata sentiría repugnancia ante la manera de ser o actuar de Coriolano, yo creo que es absurda, o cuando menos hipócrita, porque en ese sentido, tristemente, nuestro sistema democrático está lleno de Coriolanos.

Lo que si brilla por su ausencia en el panorama político actual son gobernantes tan claros y firmes como Coriolano,  sin caer en la soberbia extrema con la que se nos ha presentado frente a los ciudadanos romanos, hasta tal punto que utiliza la siguiente declaración para opinar de ellos: Vuestros votos se convertirían en maldiciones contra vosotros mismos» demoledora sentencia, hasta en nuestros días, que no sé yo hasta qué punto hasta es premonitoria y con vigencia temporal indefinida.

Actualmente en el ámbito profesional o empresarial también se habla del llamado “síndrome de Coriolano” que se da cuando un profesional o directivo, después de aportar todo su esfuerzo en una empresa, ante cualquier desavenencia, en acto de soberbia y no de buscar soluciones, intentar entender opiniones contrarias, o adaptarse a nuevas realidades, marcha a empresa rival a conseguir lo que no conseguiría en su empresa de toda la vida. En definitiva, el síndrome lo resumen en la suma de todo esto: no escuchar, no adaptarse, no atender y no aprender.

La historia ha servido también de guion para una película en el año 2011, que ha pasado sin pena ni gloria. También como inspiración a Beethoven para hacer una famosa obertura, para la representación de la obra adaptada por el dramaturgo austriaco Heinrich Joseph Collin en 1802. Beethoven trata al general romano Coriolano como un héroe que se opone al sistema social y política, con desprecio a los plebeyos de Roma, a quienes considera codiciosos y corruptos, y también maldiciendo al Senado romano por someterse a los deseos de los plebeyos. La obra de Collin calló en el olvido con el tiempo, la obertura de Beethoven permanece inmortal. El primer tema de la obertura, muestra la naturaleza rebelde de Coriolano, el segundo tema, se asocia con la suave y humana Volumnia, quien finalmente parece ganarse a su hijo para que desista de su ataque a Roma, entonces, el tema vuelve a su inicio, pero con menos convicción, y la música literalmente se desmorona, al igual que Coriolano, que termina muriendo. En la obra de Shakespeare es asesinado por los volscos, por no seguir el ataque contra Roma. En la obra de Collin, cae sobre su propia espada. En Beethoven simplemente se  desvanece y muere.

Granada a 19 de diciembre de 2020

Antonio Gutiérrez Alonso

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