EL DUEÑO DEL SECRETO

Bien pasado ya el desapacible invierno del año 1994, y en la templanza del inicio de la primavera, el joven estudiante regresaba a casa después de terminar sus clases universitarias, que tenían lugar en horario de tarde. El trayecto, implicaba, como todos los días, atravesar la ciudad de oeste a este, cruzando el centro de…

Bien pasado ya el desapacible invierno del año 1994, y en la templanza del inicio de la primavera, el joven estudiante regresaba a casa después de terminar sus clases universitarias, que tenían lugar en horario de tarde. El trayecto, implicaba, como todos los días, atravesar la ciudad de oeste a este, cruzando el centro de esa urbe. La llegada a casa nunca se completaría antes de bien entrada la última hora crepuscular del día. Pero ese día sería distinto, ya lo anticipaba todo lo que vió en el camino de ida hacia la facultad.

En el corto trayecto que necesitaba, para una vez recorrida la alameda principal  cruzar toda la plaza mayor, divisó a decenas de obreros bien ataviados con variedad de enseres metálicos y múltiples utensilios de madera, concluyendo los trabajos de instalación de clónicas y sucesivas casetas blancas, justo en la periferia de la plaza central de la ciudad y sobre el mismo paseo que atravesaba el joven todos los días para ir a clase. Muchas de esas casetas ya estaban totalmente instaladas. En esas últimas, se mostraba de manera nítida de que se trataba, y por la fecha, no había duda de que era la típica feria del libro.

Al día siguiente, las casetas estaban llenas de libros. Situadas por temáticas, por edades, por ámbitos geográficos, etc… Ese día, a la vuelta de las clases, la parada en la feria era obligatoria. Cuanto menos, te la hacían obligatoria, ya que la instalación de las casetas de libros infantiles a  la entrada del paseo junto con las casetas de temática religiosa en el lado de enfrente, hacía que entre los niños y los abuelos no se pudiera continuar caminando de una manera normal. El joven público se arremolinaba en un lado, al igual que el no tan joven, hacia otro tanto de lo mismo en el de enfrente.

Traspasada la marabunta previa, el joven consiguió llegar al stand de una de las librerías más conocidas de la ciudad, hoy el local donde se situaba dicha librería ofreciendo a la población las fuentes de la sabiduría, no existe, desde hace muchos años es una tienda de productos chinos. En el local donde estaba ubicaba se implantó primero una inmobiliaria, luego una frutería, y finalmente la tienda de artículos chinos. Curiosos y constantes cambios en el paisaje y paisanaje de esta ciudad, al igual que ha ocurrido en otras tantas, pero en ésta con mayor virulencia.

Decenas de personas pasean por la Feria del Libro de Granada.
Foto Feria del Libro. Fuente: Diario GranadaHoy

En ese  stand, sin aviso ni noticia previa, el joven estudiante se encontró a un escritor que empezaba a ser famoso, sin embargo, el joven llevaba ya tiempo siendo fiel asiduo a los artículos que venía escribiendo, tanto en el Ideal de Granada como posteriormente en diario El País.

El escritor, tenía ya algunos libros publicados, además había ganado dos veces el premio nacional de narrativa en los  últimos cuatro años. Siempre manifestó que eran muchas las cosas que le habían unido a Granada, y ese día, en esa pequeña feria de esa ciudad de provincias, de la que salió años atrás, estaba de nuevo para presentar su último libro. Se trataba de una novela corta, que seguramente, no pasará por ser una de las mejores novelas que haya escrito, su título: “El dueño del secreto”. Allí estaba él, sentado dentro la caseta, en una zona divisoria entre el paseo y el interior de la misma, rodeado de libros, posters, luces… para atender a los lectores que se acercaban. Prácticamente pasaba desapercibido, como siempre pasa en esta desagradecida ciudad con las personas que son capaces de mucho, sin los apoyo de nadie, y donde además tienen que ser siempre los de fuera quienes reconozcan y pongan en valor lo que nosotros no sabemos, no queremos o no podemos hacer.

Hoy ese autor, es uno de los más vendidos y reconocidos del mundo, llegó en los años ochenta a Granada, desde su natal tierra ubetense, trabajó como administrativo en el Ayuntamiento de Granada, a su vez empezó la carrera de Historia del Arte en la Universidad de esta ciudad, y empezó a colaborar como columnista en diario Ideal. Recopiló todos esos artículos y los editó en su libro “El Robinson Urbano”, que cayó en manos de Gimferrer, -por aquellos años editor de Seix Barral-, en una visita a Granada, lo que provocó su descubrimiento a nivel nacional.

Ese día, cuando el joven estudiante se sentó frente a frente al escritor, no podía articular muchas palabras, acercó el libro que previamente había comprado en el stand y se lo entregó para que plasmara su rúbrica y dedicatoria. El escritor le preguntó su nombre, el estudiante le respondió, simplemente le respondió balbuceando su nombre y primer apellido, mirándole a los ojos de manera entusiasta y con cierto estado de arrobamiento durante los no más de diez o veinte segundos que trascurrieron. De forma entusiasmada, cerró la portada del libro sin leer la dedicatoria y  lo metió en su maletín, junto con los libros, códigos legales, y carpeta de apuntes, le dio unas sinceras gracias y las personas que estaban esperando tras él, con el fin de obtener la misma recompensa de parte del escritor impidieron conversación mayor alguna.

La novela corta fue leída ese mismo fin de semana. Como otros tantas, hizo volar la imaginación del estudiante, no sólo a esos sórdidos y tumultuosos lugares y tiempos de la capital de España durante el año 1974, donde transcurre la historia, sino también a lo que el horizonte de la vida le deparaba a ese joven pueblerino que asistía a sus últimos años de carrera universitaria, trasladado también a una capital de provincias, apartada de toda modernidad posible y de las majestuosas intrigas en ambientes políticos y sociales como las que acaba de leer en la novela.

Acabado el libro, se volvió al inicio, abrió la portada del mismo, y allí sobre la primera página yacía la siguiente dedicatoria “A Antonio Gutiérrez, deseando que descubra pronto los secretos del porvenir”. Han pasado ya casi 30 años de ese momento, desde ese fin de semana no ha pasado ni una sola semana que no haya dejado de pensar en “los secretos del porvenir”  más ahora, que uno es padre, e intenta inculcar todos los días algo que sea útil al futuro de sus hijos, en definitiva, que les sea útil para tener un buen porvenir.

Es obvio que el porvenir es algo que está por llegar, entiendo que los secretos es algo, oculto a los demás, que sólo tú sabes que has hecho o has llevado a cabo para lograr lo que eres y has conseguido.  Muchas de nuestras acciones son invisibles para mucha gente, y como decía Antoine de Saint-Exupéry en El Principito, “lo esencial es invisible a los ojos”, pero no a todos, hay ojos que tienen ese don para ver también lo que para muchos es invisible. Al igual, que la mayoría de las veces, lo esencial es invisible a todos, pero muchas veces, es lo que más valor tiene, lo invisible. Por lo tanto, sería cuestión de centrarse en esas cosas que secretas o no, visibles o invisibles van a determinar o han determinado tu porvenir.

Los secretos de ese joven, no han sido distintos a los de otros tantos estudiantes compañeros de esa época, que si a día de hoy hicieran balance de su porvenir, treinta años después, coincidirían conmigo en que los únicos secretos, son el trabajo, el esfuerzo, la dedicación, la empatía con los demás, la ayuda desinteresada, la solidaridad con el que tienes al lado, y siempre la colaboración leal y sincera. En definitiva una serie de características que determinan o conforman lo que  yo denomino “valor social intrínseco” –VSI- de cada persona, el cual, aunque tu aún no lo sepas, conforma y determinará tu porvenir y el de los tuyos. Ese VSI depende de la capacidad que tengas de ver  y entender los problemas, propios y ajenos, de la disposición que tengas a ayudar a los demás, también a pedir favores y a hacerlos. Esto último es fundamental, en definitiva en hacer la vida más fácil a los  demás sin esperar ni exigir absolutamente nada a cambio, porque te va a llegar sin tu esperarlo, no se trata de que busques la santificación, es algo más simple, y quien tienen un VSI muy alto lo entiende perfectamente. Y para concluir y de una manera fundamental, dar y recibir confianza, la palabra mágica, no esperes recibir confianza si previamente no la has dado, nemo dat quod non habet, que dirían los jurisconsultos romanos. Una vez  que la des y de manera sincera, verás los efectos tan impresionantes que puede ocasionar.

Hoy desde la distancia o desde la cercanía que me permiten las nuevas tecnologías y los medios de comunicación, continúo siguiendo y leyendo a D. Antonio Muñoz Molina, me parece una de las mentes más lúcidas de este país y que además ha sabido entender perfectamente lo que fuimos, lo que somos y muy posiblemente a donde vamos, mejor que muchos otros. Solo basta leer sus libros, sus obras, y ver la evolución de su pensamiento en cada una de sus obras.

No dejen de leer los libros de D. Antonio Muñoz Molina.

Granada a 23 de diciembre de 2020

Antonio Gutiérrez Alonso

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