TIEMPOS DE “RELATOS”

El relato siempre estará al servicio de un fin, siempre irá unido a una utilidad, aunque venga disfrazada o sea más o menos visible, y tendrá el apoyo de variopintos medios en la consecución de ese fin y durante el transcurso del tiempo. Cuanto más tiempo transcurra, más se consolidará, el tiempo es su principal…

Vivimos en tiempo de relatos, eso es una obviedad. En estos tiempos, lo importante no es lo sustantivo, la realidad, ni tan siquiera la verdad, lo verdaderamente trascendental e importante es el relato. En la primera acepción que la RAE le da al término relato, nos dice que es el conocimiento que se da, generalmente detallado de un hecho y su segunda acepción nos indica que se trata de una narración, un cuento. A partir de ahí podemos emplear estas distintas acepciones en múltiples situaciones y ámbitos.

Cuando éramos pequeños, empezamos a configurar nuestra habilidad destinada a hilvanar relatos, habilidad que hemos ido desarrollando con el tiempo, con menor o mayor perfeccionamiento, de conformar relatos, eran «nuestros relatos«, conformaban nuestra salvación durante la infancia. Representaban los cimientos de nuestra propia supervivencia en casi todas las situaciones complicadas, pero incluso en épocas de adolescentes y hasta de mayores, tanto en nuestras relaciones personales como laborales o profesionales.

En estos días vemos que la trascendencia de los relatos y la importancia de los mismos han saltado de esos ámbitos estrictamente personales, para instalarse de forma perenne en todos los que nos rodean, ya sea  el social, el político o el artístico.

Si nos centramos en el artístico por ejemplo, y empezamos a asistir a  las múltiples y diversas exposiciones de arte contemporáneo, o en lo que ha derivado (o degenerado) dicho arte contemporáneo en esta época, podemos observar, ejemplos como el que ilustra este artículo y se inserta a continuación. La obra pertenece a una exposición de un joven y premiado artista andaluz, cuyos valores y méritos no discuto, y que expuso hace poco algunas de sus obras en el suntuoso edificio administrativo de la Diputación de Granada, el Palacio de Los Condes de Gabia, situado en el número 1 de la calle Varela de la esta ciudad, donde actualmente tiene su sede el área de la Delegación de Cultura de la Diputación de Granada:

Sí, realmente se trata de una tienda de campaña, colgada del techo por sus cuatro puntos cardinales. Hay que leer el folleto de la exposición, donde viene el relato y por tanto la explicación de la obra de arte para ·»llegar» a esa obra. Efectivamente, la obra de arte no es sólo lo que vemos, sino el relato que viene en el pasquín de la exposición, porque sin él, la obra de arte no existe, lo que hay es una simple tienda de campaña colgada del techo. Algo paradigmático en la deriva del arte contemporáneo en esta época que nos ha tocado vivir.

Justo al lado de la anterior obra de arte, se ubicaba esta otra:

Dejo a la imaginación del lector lo que la obra de arte, conformada por los tres palos que ven en el suelo, pueda representar, que cada cual monte su relato, igual que hace el artista.

En al ámbito social o en el político actual, pasa algo similar, es frecuente que demos por verdaderas o ciertas, determinadas historias que nada tienen que ver con la realidad. Eso ocurre porque antes existió un relato y el mismo fue bien hilvanado, bien configurado, apoyado con los medios necesarios  y usado hasta que el promotor (o promotores) lo convierte en realidad, aunque nada tenga que ver con la misma. El mecanismo no tiene ninguna diferencia con el que llevábamos a cabo cuando éramos niños, en la calle, en el colegio o en casa. Allí nuestro relato necesitaba a veces coartadas, apoyos, otras veces no, aquí y ahora ocurre igual, exactamente igual.

No es cuestión de reflejar aquí múltiples ejemplos ocurridos a través de nuestra reciente y no tan reciente historia, de los cuales hoy se tienen la concepción de  que son ciertos y reales, algunos convertidos hasta en dogmas. De esa manera se evitará herir sensibilidades de índole política, pero sí vendrían a constituir alteraciones de la realidad de gran envergadura, simplemente porque han sido revestidas de un gran relato y han contado con el apoyo de los medios necesarios.

El relato siempre estará al servicio de un fin, siempre irá unido a una utilidad, aunque venga disfrazada o sea más o menos visible, y tendrá el apoyo de variopintos medios en la consecución de ese fin y durante el transcurso del tiempo. Cuanto más tiempo transcurra, más se consolidará, el tiempo es su principal aliado.

Sin el fin y los medios de apoyo, por muy bueno que sea el relato, el relato muere. Por eso la preocupación máxima de los promotores versará en la sujeción del relato con todo tipo de apoyos, afianzarlo y utilizar todos los mecanismos a su alcance para que el relato fluya por el vulgo como el viento por el desierto sin ningún tipo de barrera. A la plebe actual lo que más le altera no es la limitación de su libertad sino el que intelectualmente se vean dominados, aunque le nivel intelectual esté por los suelos, un hecho común en la sociedad actual es que todos detentamos la razón y la verdad de las cosas, sin que importe lo más mínimo que esa verdad y esa realidad nos ha sido fabricada, la mayoría de las veces, con objetivos verdaderamente innobles. Da igual, a nadie le interesa.

En este sentido y trasladado por ejemplo al ámbito periodístico actual en nuestro país, estamos asistiendo a la desaparición de ese oficio como tal, o más bien, a su reconversión, consistente en la transformación del periodista en un mero colaborador del relato de turno, del que hoy toque. Hoy la búsqueda de la verdad es algo relativo, incluso, innecesaria. Los noticieros de las distintas cadenas de televisión y los periódicos se dedican a conformar y emitir relatos, el que más interese en ese momento para el fin que lo justifica. Además la diferencia del tiempo actual en el que vivimos respecto a otros anteriores, es la inmediatez. Ya no se esperan años para que el relato tome cuerpo y se consagre como la verdad, aunque sea artificial. Ahora lo que prima es que ese proceso dure lo mínimo posible y todos los medios se dispondrán para lograr el fin en el tiempo más breve posible.

Solo nos queda la capacidad de discernimiento individual para que los relatos no nos confundan y no nos impidan conocer la realidad y la verdad.

Are we human or are we dancer?

GRANADA a 17 de febrero de 2021

ANTONIO GUTIÉRREZ ALONSO

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