HEMOS VISTO…

El pasado fin de semana, una vez que nos han permitido salir de la ciudad, lo he aprovechado entre otras cosas, para dar algún paseo por el pueblo, como es habitual, en el transcurrir de esos paseos uno empieza a encontrarse a conocidos y amigos, que son debidamente saludados, en muchos casos no con la…

El pasado fin de semana, una vez que nos han permitido salir de la ciudad, lo he aprovechado entre otras cosas, para dar algún paseo por el pueblo, como es habitual, en el transcurrir de esos paseos uno empieza a encontrarse a conocidos y amigos, que son debidamente saludados, en muchos casos no con la efusividad con la que quisiéramos debido a la situación ya por todos conocida.

Uno de los encuentros que más me ha aportado y me ha hecho pensar en días sucesivos es el que me llevó a cruzarme con mi amigo P., él junto con sus hermanos son los titulares de una empresa que se dedica al sector hortofrutícola. Empezó hace muchos años como un negocio familiar y hoy da empleo directo a más de 250 personas e indirectamente a otras tantas. Ni que decir tiene, que a donde han llegado lo han hecho con mucho esfuerzo, mucho trabajo y no con todas las ayudas que se quisieran o se hubieran esperado.

El principal objeto de la conversación versó sobre lo lógico en estos tiempos que corren, el testimoniar de alguna manera como hemos pasado esta terrible pandemia, en lo personal y en lo profesional o laboral. Me comentaba mi amigo su experiencia desde los inicios de la pandemia y la sucesión de acontecimiento que se precipitaron durante esos días en su empresa, al principio de todo. Además de los hombres empleados, son muchas, casi mayoría, las mujeres dentro de la plantilla. Me explicaba como desde meros observadores vieron lo mejor y lo peor de la condición humana y de la profesional de mucha gente, que respondieron como no se esperaba, como otros que parecían fuertes, se volvían los más débiles en situaciones como las vividas, como muchísimas madres sufrían no por ellas sino simplemente por el temor de lo que pudieran pasar a sus hijos, como trabajadores rudos y bregados en mil batallas,  que parecían inmunes a cualquier afrenta caían en la enfermedad de la manera peor imaginada.

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Lo que más me llegó de la conversación con mi amigo, fue cuando desde la más absoluta sinceridad y desde el lado más humano me ilustraba como día a día iban resolviendo las situaciones que sobrepasaban a cualquiera. Si  fundamental era continuar  con la actividad empresarial, de naturaleza agrícola como ya he dicho al inicio, y por tanto esencial, más esencial era la salud de sus trabajadores.

Desde la tranquilidad y solvencia de buenos empresarios y buenas personas, empezaron por identificar a los trabajadores más cualificados para ponerse al frente de la situación, que increíblemente en muchos casos no iban a ser los que parecían de debían de serlo, y que venían siéndolo, obviamente las circunstancias habían cambiado y las personas también. En varias reuniones de auténtico pánico tuvieron que “aislar” o separar a algunos a fin de que no contaminaran de pánico infundado al resto y originara una situación de descontrol absoluto que no conduciría a nada bueno.

Me explicó como desde el sosiego, tan difícil de encontrar en esas condiciones y en medio de una situación desbordada, explicaron y dieron toda la información posible a todos los empleados y sus representantes, para que cada cual libremente eligiera si seguir trabajando o no. En fin, un máster en directo y diario de resolución de situaciones de emergencia.

También me contó que cuando en España ni en muchos sitios del mundo había mascarillas, ni se las esperaban, encontraron suministros en Lituania y compraron todas las que pudieron al precio que les dijeron para traerlas rápidamente para sus trabajadores, también, como se quedaron sin gel hidroalcohólico y pudieron conseguirlo a través de suplicarlo y rogarlo a quienes desde la cercanía o lejanía podían suministrarle alcohol para poder fabricarlo, y fundamentalmente como a todos aquellos de la plantilla que decidieron continuar con el trabajo, le aumentaron un 25% el sueldo.

Fundamentalmente ellos hicieron todo eso, porque sabían que su empresa, eran sus trabajadores, sin ellos no había empresa, y llegar hasta donde hoy están era el fruto de la lucha de muchos años, por lo que no dudaron ni un segundo en poner todo su patrimonio a disposición del fin que urgía en ese momento.

Esa misma noche, de vuelta a casa, uno le empieza a dar vueltas a la cabeza, y le viene esa situación que acabo de describir, y en contraposición, empiezo a visualizar la que todos hemos vivido y sufrido en directo en cuanto a la gestión de la pandemia desde las administraciones públicas, desde los que nos gobiernan o las dirigen, incluidos hospitales, residencias, etc…, claro está, que ni que decir tiene, hay honrosas excepciones.

Hemos visto personal sanitario que al principio de la pandemia era mandado a atender a enfermos de COVID sin mascarillas –puedo dar prueba de ellos-.

Hemos visto personal sanitario cubierto de bolsas de basura como trajes de protección.

Hemos visto personal sanitario con máscaras de protección hechas por voluntarios en impresoras 3D.

Hemos visto hospitales y provincias que se peleaban por los pocos respiradores que había. Hemos visto elegir a los enfermos de COVID19 para ser tratados en la UCI.

Hemos visto al más alto funcionario del Ministerio de Salud hacer el ridículo día sí y día también con unos conocimientos en la materia casi idénticos a los de mi hija de siete años, y que actuaba y sigue actuando más como político que como técnico.

Hemos visto como el Estado de las Autonomías ha hecho aguas por  todos sitios a la hora de enfrentarse a una situación límite.

Hemos visto como hasta las situaciones límite de salud pública han sido y siguen siendo politizadas por todos los grupos políticos, absolutamente por todos.

Hemos visto como se prometió por las distintas administraciones pagar incentivos en las nóminas al personal sanitario que estaba en primera línea de COVID19 y  al final han cobrado los incentivos hasta los que pasaban por la puerta.

Hemos visto como multitud de “ratas” en las distintas administraciones públicas, fueron quienes primero abandonaron el barco, cuando vieron o imaginaron la deriva y el peligro, encima a algunas de esas “ratas” ahora se les premia.

Hemos visto a altos funcionarios de distintas administraciones acudir a los más altos valores éticos y morales para mantener a la administración abierta cuando ellos fueron los primeros en salir por la puerta y no volver hasta pasados tres o cuatro meses.

Hemos visto y seguimos viendo a funcionarios de muy dudosa profesionalidad dirigiendo Hospitales o desempeñando altos cargos con más que dudosa valía en la gestión de nada.

Hemos visto como la situación del estado de alarma ha sido aprovechada por  el Estado para despilfarrar, -y espero que sea sólo eso- miles de millones de euros en comprar respiradores y material sanitario inservible, llevándose esos miles de millones de euros empresas fantasma que nadie conoce y nadie investiga por ejemplo: https://elpais.com/sociedad/2020-08-07/los-respiradores-que-nunca-llegaron-y-el-gel-que-no-servia-los-fiascos-de-las-compras-del-gobierno.html o los ocho millones de euros de compra de respiradores a un chiringuito en Armilla de venta de botes de proteínas de gimnasio, hasta chequeado por los chequeadores oficiales: https://www.newtral.es/material-sanitario-respiradores-compra-ministerio-sanidad/20200519/

Al final, y no sé si es una conclusión errónea, y sabe Dios cual es la causa por lo que pasa todo eso, sinceramente creo que pasa, porque respecto de aquellos que nos dirigen desde lo público, en todos sus ámbitos, para la inmensa mayoría de ellos, a diferencia de lo que le ocurría a mi amigo P., no somos sus trabajadores, no dirigen su empresa, el dinero público no es su patrimonio, como dijo una ministra, no se si consciente o inconscientemente, “el dinero público no es de nadie” y ese es el problema. Lo que si estoy seguro es que mi amigo y sus hermanos han aprendido muchísimo de esto. Nuestros responsables públicos NADA.

06 de marzo de 2021

ANTONIO GUTIÉRREZ ALONSO

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