GÉNESIS
Pomponio era una persona ilustrada que optó por alejarse del mundanal ruido de la urbe y, como tenía haberes suficientes, se dedicó a edad temprana a lo que realmente le gustaba, el campo. Esto le permitía estar en contacto permanente con la naturaleza, los animales y las plantas. Sólo volvía a la vivienda que tenía en la periferia de la ciudad a dormir y poco más.
Pomponio le contó a su amigo Marco, que su casa familiar fue adquirida tras la crisis inmobiliaria iniciada a finales de 2007, tuvo suerte de comprar una vivienda que como otras tantas de la época fue metida en un lote para liquidarlas durante un fin de semana en una feria inmobiliaria de las tantas que se celebraban por entonces en muchas ciudades de España. De precio inicial estratosférico y con hipoteca del promotor de más de 400.000 euros, Pomponio la compró a entidad bancaria intervenida por el Estado por poco más de 175.000 euros, ya que aquella se quedó con las viviendas tras la quiebra de la promotora.
Una vez firmada la compraventa se acercó a la oficina tributaria de la hacienda autonómica para liquidar el ITPAJD, unos 14.000,00 euros, y en ese mismo acto empezaron los problemas para Pomponio. Se sentó con el funcionario para liquidar y pagar el ITPAJD, presentó el formulario de la liquidación y pidió que le indicaran la mejor forma de realizar el pago de los 14.000,00 euros lo antes posible. El funcionario, al introducir los datos en el ordenador, le dijo que la liquidación estaba mal hecha, Pomponio había puesto en el modelo 600, como valor de la vivienda adquirida, el precio de la escritura de compraventa. El funcionario le dijo que ese no era el valor real a efectos de la liquidación, que según el valor que le proporcionaba automáticamente el sistema informático, era más del doble, por lo que, si se “arriesgaba” a liquidar e ingresar “solo” los 14.000,00 euros, se exponía a que el servicio de inspección tributaria le hiciera una complementaria y tuviera que pagar además intereses de demora, demás gastos, etc.., o sea, un lío.
Pomponio, iusnaturalista por principios, ferviente seguidor de la escuela y tesis de Cicerón, entendía que había realizado un negocio jurídico, del mismo se derivaban unos impuestos, por lo que ese día fue a pagarlos, trataba de cumplir con sus obligaciones tributarias lo antes posible, por lo que eso fue precisamente lo que hizo y creía sinceramente que ya había cumplido.

SEGUNDO ACTO
Efectivamente, los malos augurios del funcionario se cumplieron, antes de transcurrir seis meses desde la presentación de la liquidación del modelo 600, Pomponio recogió tras unos días ausentes de su domicilio, un acuse de recibo del servicio de correos donde se daba aviso del intento de notificación de carta certificada de la Agencia Tributaria Autonómica. Lógicamente no fue a recogerla. Segundo intento, tampoco fue a recogerla.
Pomponio, que había heredado la sabiduría de sus antepasados lacedemonios, se preocupó por saber qué pasaría con esas notificaciones, y al final obtuvo una información valiosísima de las llamadas e indagaciones que realizó. Las liquidaciones complementarias se publicarían en el correspondiente Boletín, donde serían enviadas por la oficina liquidadora correspondiente. Nuestro amigo llamó al Boletín Oficial autonómico y a la oficina liquidadora, preguntó sobre la frecuencia que se publicaban las liquidaciones y le dijeron que tardaban mucho, puesto que eran tantas las oficinas liquidadoras descentralizadas en una comunidad autónoma tan extensa y habitada, que se turnaban por semanas, las publicaciones, incluso casi por meses, de tantas que había. Pomponio se hizo su composición mental y temporal. Cuando salió publicada en el Boletín Oficial la primera notificación de la liquidación y comprobación de valores, se fue a la oficina de la Agencia Tributaria Autonómica, a coger su notificación. Se la dieron, efectivamente, se trataba de una liquidación complementaria donde le salía a pagar, pues prácticamente el doble de lo que ya había pagado.
Pomponio recogió el modelo 010 y el 039, con la determinación del valor de inmueble como le daba la real gana a la Administración y la correspondiente carta de pago para realizar el ingreso de la liquidación complementaria. Dichos documentos le indicaban además toda la clase de recursos que podía realizar contra la liquidación y comprobación de valores, a saber, el previo y potestativo de reposición, ante la misma oficina liquidadora o la reclamación ante el Tribunal Económico Administrativo Regional. Eso sí, en ambos casos el procedimiento seguiría su curso, pudiendo solicitar la suspensión mediante la presentación previa de las garantías previstas en el artículo 224 LGT. También indicaba la notificación que podía solicitar la TASACIÓN PERICIAL CONTRADICTORA, suspendiendo dicha solicitud el ingreso de las liquidaciones practicadas.

REFLEXIONES
Pomponio se sentó bajo un árbol en su finca. Meditó y trazó un plan para acometer las actuaciones oportunas ante la aventura que el destino le había regalado. Dos pensamientos le bloqueaban la mente en ese momento. No creía posible que los altos patricios y dirigentes de lo público en igual situación a la suya pudieran ser objeto de tan execrable desposesión económica con liquidaciones complementarias de similar naturaleza. Y en segundo lugar, desde su ética sabía que debía de contribuir al mantenimiento de lo público con el pago del impuesto, pero lo justo era liquidar tomando como referencia lo que le había costado realmente la vivienda, no lo que la Administración pretendía. Automáticamente le venía a la mente la imagen de los casos de corrupción de los dirigentes políticos y lo que hacían con el dinero público de los impuestos de la gente.
Por lo tanto, Pomponio, desde su visión de justicia, tenía asumido que los 14.000,00 euros que honradamente pagó, eran su justa contribución al mantenimiento de lo público y que el exceso, que injustamente le pretendían cobrar, iría a parar a la parte injusta y oscura de la corrupción política.
Todo ello le llevó a trazar un Plan B.
Lo primero que haría sería visitar a su amigo Foción, ilustre y docto hombre de leyes, especializado en tributos. Estaba al frente del despacho de jurisconsultos más importante en dicha materia en esa ciudad. Foción le trató como a un verdadero amigo, no como a un cliente cualquiera.
– Vamos a ver Pomponio, – le dijo Foción -, los recursos administrativos que interpongas, se llamen como se llamen, ya sabes dónde van a ir a parar, además vas a tener que constituir garantía bancaria si quieres paralizar el procedimiento y si solicitas la tasación pericial contradictoria te van a crujir igual, sólo que vas a alargar algo más la penitencia.
– ¿Entonces qué hago Foción? Le preguntó Pomponio.
– Lo que yo lo que te aconsejo es que presentes una alegación contra la comprobación de valores, acompañes una tasación de parte con una pequeña diferencia en el valor final que no supere el 10%, seguro que la Administración la acepta, te harán una nueva liquidación y por lo menos pagarás aproximadamente un 10% menos de la liquidación que inicialmente te han practicado, lo pagas y te olvidas del asunto.
Pomponio, volvió desilusionado a casa.
Al día siguiente volvió a sentarse bajo el árbol de la finca. Seguía pensando y desarrollando mentalmente su plan, mientras escuchaba el agua de la acequia correr. Pasado un rato creyó disponer de todos los elementos para hacer trazar su plan y actuaciones.
Primero: Los recursos no iban a paralizar el procedimiento de cobro y además acabarían en la basura. El resultado sería el mismo si terminaba en vía contenciosa.
Segundo: Lo único que podía paralizar el procedimiento y por tanto ganar tiempo, era la solicitud de la Tasación Pericial Contradictoria, pero no estaba garantizado el éxito. Además, para llevarla a cabo, tendría que abonar previamente la liquidación de gastos del perito elegido por la Administración de entre los colegiados en la provincia. Si la tasación se quedaba dentro de unos márgenes, a su favor, igual luego podría pedir la devolución de ese ingreso, puesto que en ese caso correría a cargo de la Administración.
Tercero: No podía pedir suspensión porque tendría que constituir aval bancario.
Cuarto: Las notificaciones vía Boletín Oficial se iban a demorar bastante tiempo, entre la mecánica de notificación que tenía el propio Boletín Oficial y la burocracia de la propia oficina liquidadora.
Quinto: En su conciencia iusnaturalista, con el pago de la liquidación que había hecho, ya había saldado su deuda total con la hacienda pública. El exceso que se pretendía era una injusticia y el destino que tendría también sería injusto.
Teniendo en cuenta todo esto, Pomponio entonces decidió proceder.
En primer lugar, decidió no recoger o retirar ni una sola notificación en el domicilio. Todos los actos administrativos relacionados con el asunto tendrían que ser publicados en el Boletín Oficial; sólo tendría que echar un vistazo al diario oficial cada quince días, que era cuando enviaban la remesa a notificar desde la oficina liquidadora. Dejó dicho encargo a la administradora de sus bienes para asegurarse.
Así, cuando aparecía en el Boletín Oficial su notificación, iría a la oficina liquidadora a recogerla. De esa manera consiguió de hecho una demora en el procedimiento que iría más allá del tiempo que tenía pensado solicitar para la suspensión o aplazamiento, y además sin necesidad de constituir garantía bancaria alguna.
También decidió no plantear recurso administrativo alguno, ni de reposición ni al Tribunal Económico-Administrativo, estaba convencido de que era una pérdida de tiempo, así que optó por solicitar la Tasación Pericial Contradictoria. Aportó una tasación hecha por una empresa de tasación homologada por el Banco de España. El coste de esta pericia fue 300,00 euros, un importe que difería unos cuantos euros de la que se había tenido en cuenta en la liquidación realizada inicialmente.
Al cabo de unas semanas admitieron a trámite la solicitud de la Tasación Pericial Contradictoria. La notificación de dicho acuerdo terminó en el Boletín Oficial, como todas, porque Pomponio seguía sin recoger notificaciones.
La Administración entonces otorgó a Pomponio un plazo para que ingresara en una cuenta del Banco de España la cantidad de 600,00 euros a los efectos de pagar al perito colegiado que había designado la Administración.
Pomponio decidió visitar a dicho perito. Se presentó en su estudio profesional, le explicó el motivo por el que realizaba la visita, pero el perito ni se acordaba del asunto porque ya habían transcurrido muchos meses. Pomponio le fue sincero, claro y directo,
– Vamos a ver Catilino, ¿Cuándo te va a pagar a ti la Administración los 600,00 euros por realizar la tasación?
– Pues teniendo en cuenta la burocracia y los procedimientos, pues con algo de suerte, dentro de medio año puedo ver algo de ese dinero, siempre y cuando me lo encarguen definitivamente.
– Bien, vamos a ver, ¿Y la vivienda de mi propiedad, que te acredito con estas escrituras, planos y que puedes ver en el Google Maps, podría ser valorada por ti en unos pocos euros más de 175.000,00 euros, o la vas a tasar por más del doble como dice la Administración, en su comprobación de valores, y más teniendo en cuenta como está el mercado inmobiliario?
Catilino se quedó dubitativo.
– Te pregunto esto, Catilino, porque si no lo ves claro, yo mañana no voy a ingresar los 600,00 euros a la cuenta del Banco de España, y por tanto, a ti no te van a encargan el trabajo. Por otra parte, si no tienes dificultad en tasar la vivienda como te estoy diciendo, yo, además de ir mañana a ingresar los 600,00 euros al Banco de España, te dejo aquí como entrega a cuenta otros 600,00 euros, por tu saber hacer y entender mi situación. De hecho, como tengo fe en que vas a hacer la tasación conforme a los precios reales de mercado, y por tanto una tasación justa, que es el que te propongo, te voy a dejar ya aquí encima de tu mesa, en este sobre, 600,00 euros.
– ¿Quieres que te haga un justificante, Pomponio? Le preguntó Catilino. No hombre, por favor, no dejemos pruebas de tan nobles y justos actos, le contestó Pomponio.
Antes de llegar a su vivienda, momentos coincidentes con la caída del sol, de aquel caluroso día, Pomponio recibió una llamada, el informe de la tasación ya estaba hecho, y en cuanto se lo pidieran desde la Administración, lo enviaba a la oficina liquidadora. Pomponio, a las 8:00 de la mañana del día siguiente estaba ingresando los 600,00 euros en el Banco de España.

DESENLACE
Otra notificación desde la oficina liquidadora, el perito tasador había hecho el informe de tasación, la comprobación de valores y la liquidación se rectificaban, salía a pagar unos 200,00 euros.
Pomponio, pidió pagarlos en un fraccionamiento en cómodos plazos, tampoco era cuestión de depositar todo el dinero de golpe al enemigo y como la cuantía no superaba un límite establecido, pues el pago aplazado tampoco se incrementaba con ningún tipo adicional.
Por cierto, cuando fueron a por la última notificación a la oficina liquidadora, los funcionarios los recibieron con muy malas formas. Parecían mosqueados. Bueno también era normal. Más de dos años de procedimiento, un sinfín de notificaciones vía Boletín Oficial, luego múltiples comparecencias en la oficina para recoger las notificaciones, y como traca final el resultado de la pericial contradictoria, pues no era todo eso de mucho gusto para el personal burocrático.
El coste de las actuaciones fue de 300,00 euros, la tasación contradictoria, 600,00 euros la factura del perito colegiado designado por la Administración, (que al realizar la valoración a favor de Pomponio, reintegraron), más 600,00 euros del aguinaldo de Pomponio a Catilino por defender una causa justa. El ahorro lógicamente fue muchísimo más. Miles de euros más.
Fuegos artificiales en una noche de verano.
La justicia iusnaturalista triunfó ante la posible conversión de la Administración en un ente vil y malvado en materia tributaria y donde la autotutela de los intereses personales y la reacción de la sociedad civil actuó en defensa de una situación un tanto injusta.
EJERCICIOS PRÁCTICOS FINAL DEL CUENTO
HECHOS
1º- El Estado “ayuda” y/o “interviene” por todos los medios a entidades bancarias que absorben todos los bienes inmuebles de las empresas promotoras que quiebran y a las que le dieron todo tipo de hipotecas.
2º- Esas entidades bancarias (cuasi estatales) empiezan a vender inmuebles a la ciudadanía a precios ciertos y lógicamente acorde al mercado.
3º– Los ciudadanos liquidan ITPAJD conforme a los precios reales de venta y precios de mercado.
4º- Las oficinas liquidadoras (Y SUS FUNCIONARIOS) siguen liquidando ITPAJD a precios de pre-crisis, lógicamente para ingresar más.
5º- Los ciudadanos presentan tasaciones de empresas oficiales de tasación homologadas por el Banco de España, tasaciones que las oficinas liquidadoras y sus funcionarios se las pasan por el forro.
6º- Los ciudadanos presentan recursos de reposición ante las oficinas liquidadoras y ante los tribunales económicos administrativos aun sabiendo que en realidad emitirán resoluciones en contra de ellos, y ultimamente y en la mayoría de ocasiones, igual que los tribunales de justicia.
CUESTIONES
¿Es legítima la acción de autotutela de Pomponio El Iusnaturalista?
- Si, totalmente
- No, en absoluto
- No sabe, no contesta.
¿Cómo definirías la acción de los funcionarios que desde los distintos órganos administrativos y judiciales en el supuesto de hecho de Pomponio emiten las resoluciones en contra de los intereses del mismo?
- Injustos, inmorales y poco éticos.
- Profesionales
- No sabe, no contesta
¿Cómo definiría al Estado donde se han producido todos y cada uno de los anteriores hechos y se ha dado el supuesto de hecho visto en el cuento de Pomponio El Iusnaturalista?
- Decadente, ilegitimo, en descomposición
- Extraordinario
- No sabe, no contesta.
Si tras la contestación a todas y cada una de las preguntas, tus respuestas tienen más opciones 1) eres tan iusnauralista como Pomponio, y tu contribución para que los iuspositivistas vuelvan al camino recto en el país es importante. Si tus respuestas, tienen mayoría de opciones 2), estás mimetizado completamente con los iuspositivistas, tu contribución al futuro del país es complicada. Si tu respuesta, tiene mayoría de opciones 3), eres feliz y poco más, la Administración y los burócratas están encantados con tu estado de felicidad.
GRANADA a 10 de abril de 2021
ANTONIO GUTIÉRREZ ALONSO
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