«Según las conocidas reglas de la antigua libertad» (Verso de John Milton -poeta y ensayista inglés 1608-1674.)
I.- INTRODUCCIÓN
Durante estos meses y a tenor de las medidas que están tomando muchos gobiernos, ya sean nacionales, -como el de nuestro país-, o autonómicos, asumiendo competencias cuyos dirigentes ni en el mejor de sus sueños hubieran imaginado, se ha estado hablando mucho de 1984, la afamada novela de George Orwell, -pseudónimo de Eric Arthur Blair-.
Cualquiera que haya leído detenidamente 1984, ha tenido ocasión de ver que dicha novela es mucho más que una sociedad caracterizada por la hiper-represión política, la infinita manipulación informativa y la vigilancia masiva practicada por el Gobierno de la nación.
Posiblemente, el lector se fije no solo en esos elementos indicados anteriormente, sino también en otros tantos, que a mi parecer tienen más relevancia, si cabe, en nuestra sociedad o sistema político actual. Dicho análisis lo voy a iniciar desde la propia figura de su autor.
E.A. Blair nació en 1903 en el seno de una familia de clase media inglesa afincada en la India. Asistió a internados de élite gracias a becas, -de otra manera hubiera sido imposible-, su primer empleo fue el de policía en Birmania, donde pronto se dio cuenta del despotismo desplegado por su país en las colonias donde tenía presencia.Todo eso, junto con sus aventuras por otros países, además de por el suyo propio, impregnó su pensamiento político con una auténtica convicción socialista, que incluso le hizo huir de los planteamientos del Partido Laborista inglés cuyos ideales o “no hacer” se daban orígen a un auténtico consentimiento del “status quo” de la política imperial a costa de los trabajadores indígenas de las colonias inglesas, en beneficio no solo de la aristocracia inglesa sino de la propia clase trabajadora de su propio país.
A edad temprana, y recién casado, viajó hasta España, como le dijo a su propia mujer, “a matar fascistas, porque alguien tenía que hacerlo”. No se alistó como el resto de extranjeros en las Brigadas Internacionales, sino en el POUM, y por tanto, pronto sufrió en sus propias carnes, lo que fue el partido comunista y la política que Stalin planificaba para España. Todo eso, le dolió más que el balazo de un máuser español que le atravesó el cuello estando en el frente de Huesca. Salió de España, tan pronto pudo por la frontera francesa.
Una persona de izquierdas, “socialista democrático” como él mismo se autodefiniría, y absolutamente anti-comunista, tras ver, sufrir y padecer lo que era el comunismo, escribió en el año 1949, la célebre novela: “1984”. Escribió muchos otros libros aunque muriera a la edad temprana de 47 años, en el año 1950 por culpa de la tuberculosis, pero, de esa novela y del resto de libros escritos y tomando como referencia nuestro sistema político hay que sacar a relucir entre otros elementos, fundamentalmente, los relativos al “totalitarismo” y a “El Partido”, que pueden que estén hasta íntimamente unidos.
Decía Orwell, sobre la característica principal de la sociedad en 1984, que la nueva aristocracia estaba formada por burócratas, técnicos, científicos, sindicalistas, educadores, periodistas y políticos profesionales, todos tenían su origen en la clase media asalariada, a diferencia de la clase alta anterior, a estos no les tentaba tanto el lujo como el placer de mandar, teniendo mayor conciencia de lo que estaban haciendo y fundamentalmente se dedicaban con mayor intensidad a aplastar a la oposición, ésta última diferencia era esencial respecto a tiempos pasados y las diferenciaba de las tiranías anteriores, dado que las anteriores eran débiles e ineficaces y esta fuerte y eficaz.
Explica en su obra que la diferencia entre el socialista antiguo y el nuevo, es que mientras que el antiguo daba por sentado que todo lo que no era hereditario no podía ser permanente. No entendía que la continuidad de una oligarquía no tiene por qué ser física, y que organizaciones basadas en la “adopción” han durado centenares y miles de años. Por lo tanto, lo “esencial” no es la herencia de padre a hijo, sino la “persistencia de una cierta manera de ver el mundo y de un cierto modo de vida, impuesto por los muertos a los vivos”.

II. EL PARTIDO
Una de las mayores aportaciones al pensamiento político que desde mi opinión hace Orwell con su novela 1984 y otras obras, es la que se refiere a “El Partido” como instrumento de control y mantenimiento del sistema político en la sociedad que describe en sus obras.
Para Orwell, el objetivo principal del Partido, es el de perpetuarse a sí mismo y ha dicho fin. Se establecen unas pautas de comportamiento o mecanismos caracterizados entes otros por:
-Todo miembro del Partido vive, desde que nace hasta que muere, vigilado por la “Policía del Pensamiento”. Nada de lo que hace es indiferente para la “Policía del Pensamiento” que controlará absolutamente lo que hace, lo que piensa, lo que habla, lo que escribe y lo que dice todo miembro del Partido.
-El miembro del Partido carece de toda libertad para decidirse por una dirección determinada, no puede elegir en modo alguno.
-Es fundamental llevar a cabo una alteración del pasado, principalmente es necesaria por dos razones:
1.El miembro del Partido, lo mismo que el proletariado, en gran parte tolera las condiciones de vida actuales porque no tiene con qué compararlas. Hay que aislarlo del pasado, así como de los países extranjeros, porque es preciso que se crea en mejores condiciones que sus antepasados y que se haga ilusión de que el nivel de comodidades materiales crece sin cesar.
2.La necesidad de salvaguardar la infalibilidad del Partido. No solamente es preciso poner al día los discursos, las estadísticas y datos de toda clase para demostrar que las predicciones del Partido nunca fallan, sino que además no puede admitirse en ningún caso que la doctrina política del Partido haya cambiado lo más mínimo, porque cualquier variación en la táctica política es una confesión de debilidad.
– La consigna del Partido, sobre el control del pasado, es: “Quien controla el pasado, controla el futuro y quien controla el presente controla el pasado”.
– Los acontecimientos pretéritos no tiene existencia objetiva, sobreviven solo en los documentos y en la memoria de los hombres. El pasado es únicamente lo que digan los testimonios escritos y la memoria humana. Pero como quiera que el Partido controla por completo todos los documentos y también la mente de todos sus miembros, resulta que el pasado será lo que el Partido quiera que sea.
– También es necesario recordar que los acontecimientos ocurrieron de la manera deseada. Y si es necesario adaptar de nuevo nuestros recuerdos o falsificar los documentos, también es necesario olvidar que esto se ha hecho. Ese truco puede y debe de aprenderse como cualquier otra técnica mental. La mayoría de los miembros del Partido lo aprenden, se llama “control de la realidad” y en la Neolengua se llama “doblepensar”, se refiere a la capacidad de sostener dos opiniones contradictorias de manera simultánea, dos creencias contrarias albergadas en la mente a la vez. Esa técnica está en el corazón mismo del Partido, dado que el acto esencial del mismo, es el empleo del engaño consciente. Decir mentiras a la vez que se cree en ellas con sinceridad, olvidar todo hecho que no convenga recordar, para luego, cuando sea necesario, sacarlo del olvido solo durante el tiempo que convenga, negar la existencia de la realidad objetiva sin dejar de saber ni por un momento que existe esa misma realidad que se niega.
– Controla todos y cada uno de los aspectos de tu vida, porque en definitiva los hombres son infinitamente maleables.
– El Partido es inmortal. El Partido está en la posesión de la verdad absoluta.
III. NACIONALISMOS y TOTALITARISMO
En otra obra “Opresión y Resistencia” (escritos contra el totalitarismo 1937/1949) el autor inglés hace una interesante diferenciación entre los términos “Nacionalismo” y “Patriotismo. Por patriotismo, entiende la devoción por un lugar determinado y por una determinada forma de vida que uno considera los mejores del mundo, pero que no tiene deseos de imponer a nadie. Por lo tanto es un concepto defensivo por naturaleza, tanto cultural como militarmente. Por el contrario, el nacionalismo, conceptualmente es inseparable del poder, el propósito de todo nacionalista es la obtención de más poder y más prestigio, no sólo para él, sino para la nación o entidad que haya escogido para diluir en ella su propia individualidad. En definitiva, el nacionalismo es para Orwell “sed de poder, mitigada con autoengaño”.
Otra de las aportaciones interesantes que hace Orwell sobre el nacionalismo es que dentro de este término también incluye también movimientos y tendencias como: Comunismo, Catolicismo político, sionismo, antisemitismo, trotskismo, pacifismo…, ya que para él, la nacionalismo no implica necesariamente una lealtad a un gobierno o a un país.
Las principales características del nacionalismo:
-La obsesión: Ningún nacionalista piensa, habla o escribe jamás sobre nada que no sea la superioridad de su propia entidad de poder. Todos los nacionalistas consideran un deber difundir su lengua en detrimento de las lenguas rivales.
-La inestabilidad: Lo que permanece constante entre los nacionalistas es su estado mental; el objeto de su apego es cambiante, y puede ser incluso imaginario. En sociedades como la nuestra es cada vez más difícil que un intelectual sienta apego profundo por su país, la opinión pública no se lo permitiría.
-La indiferencia frente a la realidad: Las acciones se consideran buenas o malas no por sus méritos, sino según quien las lleve a cabo. De esta forma, asesinatos, deportaciones, encarcelamientos sin juicio, falsificaciones, etc… puede cambiar el color moral cuando hayan sido cometidos por “nuestro” bando. El nacionalismo no solo no reprueba las atrocidades cometidas por su bando, sino que tiene una notable capacidad para no oír siquiera hablar de ellas. En el pensamiento nacionalista hay acontecimientos que son a la vez verdaderos y falsos, sabidos y desconocidos. Todo nacionalista acaricia la idea de que el pasado puede ser alterado. Algunos nacionalistas no están lejos de la esquizofrenia, viven alegremente entre sueños de poder y conquista que no tiene conexión con el mundo físico.
Si seguimos leyendo la obra de Orwell, vemos como la línea de separación entre nacionalismo y totalitarismo es tan difusa que apenas se aprecia, y a la hora de analizar este último, destaca la tendencia durante los años que discurre los escritos de su obra, que las sociedades democráticas planteen que dicha democracia solo puede defenderse con métodos totalitarios. Por lo tanto, defender la democracia conlleva destruir cualquier forma de pensamiento independiente, explicando Orwell que esa tesis se utilizó por ejemplo en las purgas políticas de la Rusia de Stalin, o para justificar los embustes deliberados de la prensa de izquierdas de la España republicana sobre los trotskistas, etc…
Por lo tanto, desde esa óptica, hay que aplastar al “enemigo” empleando cualquier medio. Pero ¿Quiénes son los enemigos? ¿Quién lo decide? Parece por lo tanto, que “defender” la Democracia significa destruir cualquier forma de pensamiento independiente.
Como bien sostiene el propio Orwell, quienes apoyan esa tesis, no se dan cuenta que fomentando métodos totalitarios, puede llegar el día que éstos sean usados contra ellos mismos. “Convirtamos en hábito el encarcelamiento de fascistas sin juicio y probablemente la cosa no se quede en los fascistas”.
Igualmente para Orwell, la mentira sistemática practicada por los estados totalitarios forma parte integral del totalitarismo. Un Estado totalitario es de hecho, una teocracia y para conservar su puesto, la casta gobernante necesita que la consideren infalible. Cualquier cambio de política significativo exige un cambio paralelo de doctrina y una reevaluación de las figuras históricas importantes. El totalitarismo exige, la alteración continua del pasado y a largo plazo, probablemente la falta de fe en la existencia misma de la verdad objetiva.
Una sociedad totalitaria que consiguiera perpetuarse a sí misma probablemente acabaría instaurando un sistema de pensamiento esquizofrénico, en el que las leyes del sentido común sirviesen para la vida diaria.
En definitiva, la novedad del totalitarismo es que sus doctrinas no solo son incuestionables, sino también inestables. Deben ser aceptadas, so pena de ser condenado, pero al mismo tiempo son susceptibles de ser alteradas en cualquier momento.
Una sociedad se vuelve totalitaria cuando su estructura se vuelve flagrantemente artificial, es decir, cuando su clase gobernante ha perdido su función pero consigue aferrarse al poder mediante la fuerza o el engaño. No puede permitirse ser tolerante o estable desde el punto de vista intelectual.
¿Y de qué manera actúa un sistema totalitario sobre la libertad de prensa o sobre la literatura?
Al tratar la libertad de prensa, explica Orwell que el principal peligro para la libertar de pensamiento y expresión no es la injerencia directa del Gobierno, sino la cobardía intelectual. Ese el peor enemigo al que tiene que enfrentarse un escritor o periodista.
Igualmente señala Orwell que el periodista no es libre, cuando se le obliga a escribir mentiras o silenciar lo que le parece una notica de importancia, el escritor imaginativo no es libre cuando tiene que falsificar unos sentimientos subjetivos, que desde su punto de vista son hechos.
Explicaba que en sus ensayos políticos que la libertad intelectual está atacada principalmente por dos flancos, “por un lado los apologistas del totalitarismo y por otro los monopolios –magantes de la prensa y la industria cinematográfica- y los burócratas”. Por lo tanto, esos son los enemigos más inmediatos de la vedad y por tanto de la libertad de pensamiento.
Para Orwell la libertad intelectual es la libertad de informar lo que uno ha visto, oído y sentido, sin estar obligado a inventar hechos y sentimientos imaginarios. En el pasado, explica el escritor, cuando uno defendía la libertad intelectual tenía que enfrentarse a los conservadores, los católicos y hasta cierto punto a los fascistas, hoy es necesario enfrentarse a los comunistas y a los “compañeros de viaje”.
¿Y qué piensa Orwell sobre el pueblo en general en todo este esquema?
Desde su experiencia política y viajera, Orwell manifestaba que nada había que temer de los proletarios, continuarán, de generación en generación y de siglo en siglo, trabajando, procreando y muriendo, no solo sin sentir impulsos de rebelarse, sino sin la facultar de comprender que el mundo podría ser diferente a lo que es. Solo podrían convertirse en peligrosos si el progreso de la técnica industrial requiriera educarlos. A los proletarios se les puede conceder la libertar intelectual por la sencilla razón de que no tienen intelecto alguno.
IV.CONCLUSIÓN
Usted que acaba de leer esto, y pertenece o ha pertenecido a un Partido político, ¿Qué le parece? Y usted que es un mero espectador de lo que estamos vivienda en nuestra sociedad o en cualquier otra de los países limítrofes ¿Qué le parece lo que decía y pensaba Orwell antes de 1950? ¿Saben según Orwell en que termina todo esto? En esto:
-Al final, la acción del Partido, estriba en la consecución de más dolor en las relaciones personales, mientras que las antiguas civilizaciones sostenía basarse en el amor o en la justicia, ahora es en el odio.
-Se persigue extirpar las emociones como el miedo, la rabia, el triunfo….
Se cortan los vínculos que unían a hijos y padres, a un hombre con otro, y a hombre y mujeres. Nadie se fiará de su esposa, de sus hijos o de sus amigos…
-Los niños se les quitarán a sus madres al nacer, porque son del Estado, como se les quitan los huevos a las gallinas, el instinto sexual será erradicado, la procreación consistirá en una formalidad anual como la renovación de la cartilla de racionamiento.
-Se suprimirá el orgasmo.
-No existirá más fidelidad que a la del Partido.
-No habrá risa, excepto la risa triunfal al derrotar al enemigo.
-No habrá arte, ni literatura ni ciencia.
-No habrá distinción entre belleza y la fealdad.
-Todos los placeres serán destruidos.
¿Le parece distópico? ¿O un guion de la última serie de Black Mirror?
Ojalá se quede en eso.
Estepona a 25 de julio de 2021
ANTONIO GUTIÉRREZ ALONSO
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